Día 10

Siempre me llamó poderosamente la atención la profesión de médico. Mucho antes de que el doctor Gregory House se hiciera mundialmente famoso, ya me admiraba ante esa gente que era capaz de coger a alguien enfermo, diagnosticarle una enfermedad, aplicarle un tratamiento y lograr que sanara. De hecho, creo que si no hubiera sido porque me aterran las agujas y me mareo con una gota de sangre, me hubiera dedicado a la medicina. Pero encontré algo parecido: la publicidad y el marketing.
Me di cuenta de que la labor de un profesional del universo publicitario es muy semejante. Se coge a una empresa dada, se le realizan una serie de diagnósticos y se le aplica un tratamiento, de comunicación, para que mejore. Me fascinó la posibilidad de ejercer de médico de empresas, de ser capaz de levantar una compañía en declive, moribunda, y relanzarla al éxito.
Hoy, en clase de Estrategia Empresarial, el señor Cohén nos ha mostrado como hacer esto posible empleando una herramienta de diagnóstico y tratamiento: el plan estratégico. Se coge una empresa, se analiza su situación, sus fortalezas y debilidades, y las oportunidades y amenazas que ofrece el entorno, y, tras fijar unos objetivos que consisten siempre en mejorar algún aspecto de la corporación (o todos a la vez), se receta un tratamiento cuya ejecución hará que "el enfermo sane".
Personalmente, me llama la atención la parcela que corresponde a la comunicación. Otras parcelas que necesiten curación tendrán que ser tratadas por especialistas de su sector. Al fin y al cabo, también en medicina hay neurólogos, cardiólogos o urólogos, ¿no? Y yo no curaré a nadie, cierto, pero quizá algún día llegue a ser un gran cirujano comunicólogo de empresas.











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