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Esa delgada línea...

jueves, 22 de octubre de 2009


Día 7

Hoy hemos dado por concluida la asignatura de Normativa y Autorregulación en Publicidad, es decir, Derecho Publicitario. Esta es la primera asignatura del Máster TAPSA que finalizamos, pues ha durado sólo tres días, tres clases de cuatro horas y media cada una.


La verdad es que ha sido muy entretenida y nos ha enseñado a tener unos conceptos básicos legales con respecto a la publicidad, conceptos que pueden hacernos diferenciar cuando una campaña es potencial atrayente de problemas en autocontrol y en los juzgados, y cuando no. Es decir, ayudarnos a prever mejor las consecuencias de nuestro trabajo.

El ejercicio final de la asignatura ha consistido en elegir un spot y, en grupos de seis personas, defenderlo de los ataques y las acusaciones del resto de la clase. La actividad, en ocasiones, ha llegado a hilarantes extremos, rayando el absurdo (como acusar de pederastia a un cactus con corbata diseñado por ordenador), pero sin duda ha sido una experiencia muy enriquecedora.

Por nuestra parte, hemos defendido el famoso anuncio creado por Ogilvy Argentina para Coca-Cola, "Para todos", aquel que decía "Para los altos, para los bajos, para los gordos, para los..." ¿quién no lo recuerda? Pues ese, spot que además ha resultado fácil de defender, pues no incumple prácticamente ninguna regla, ni ética ni legal. Nuestro profesor Íñigo Bilbao, sin embargo, se ha quedado ligeramente decepcionado con nuestra elección, y nos ha acusado de conservadores y cobardes por elegir este anuncio, que, consideraba, no podía decirse que rompiera bloques, por respetar demasiado los límites.

Y yo me pregunto, ¿es necesario saltarse estos límites para pasar a la historia de la publicidad? No lo creo. Considero que la creatividad y la idea, la emoción que pueda transmitir su ejecución, son mucho más importantes que lo transgresora que sea la obra o la campaña en sí.

Es más, considero que muchas veces existe cierta tendencia a buscar el escándalo mediático, saltándose la ley y realizando una campaña basada en la ilegalidad, para generar notoriedad y que una idea mediocre tenga una gran repercusión. Este método me parece un arma de doble filo, porque si bien es cierto que en ocasiones se consigue algo brillante saltándose la norma, caer demasiado en la rebeldía puede convertirse en peligroso tópico, que haga que el escándalo predomine sobre el mensaje, y la fama sobre las emociones que éste, bien ejecutado, pueda transmitir.

¿Suena muy conservador? Probablemente. Como he dicho, es muy posible crear algo maravilloso y revolucionario saltándose los límites, pero no hacerlo no lleva necesariamente a la mediocridad. Jugar con ambos lados es la esencia del arte de la creatividad y de la adaptación.


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